The Crown: Gillian Anderson se convierte en Margaret Thatcher (y la ficción supera a la realidad)

Tras un profundo estudio sobre la figura de la primera ministra británica, la actriz se mete en su piel para protagonizar la etapa política más criticada de Reino Unido en la cuarta temporada de The Crown.

A principios de noviembre, Netflix nos sorprendió con la cuarta temporada de The Crown, la serie basada en la obra de teatro del propio Peter Morgan sobre los encuentros entre Isabel II y los primer ministros que pasaron durante su largo reinado. A medida que avanza el relato, la trama va enriqueciéndose y los personajes pasan de ser figuras históricas a íconos relevantes de la cultura mundial. 

En los nuevos diez capítulos, la reina (Olivia Colman) se aleja del centro de atención, para darle lugar a dos nuevas figuras políticas de la década de 1980: Diana Frances Spencer (Emma Corrin) y Margaret Thatcher (Gillian Anderson). Si bien los espectadores argentinos estamos familiarizados con Lady Di, para muchos, el nombre de la exprimera ministra británica resuena en nuestra cabeza como sinónimo de un enfrentamiento militar que concluiría con una derrota devastadora.

Peinado extravagante, ultraconservadora y con una mano de hierro que le valió el mítico apodo por sus duras políticas en medio de las tensiones sociales, las huelgas y las altas cifras de desempleo. Su carácter duro (e incluso “tan poco femenino” para esa época) tuvo un efecto duradero en su trayectoria. Sabía imponerse y tenía muy en claro lo que quería: “Mi meta es que el país sea independiente”. Así, nos presenta The Crown a la mandataria, en rasgos generales. 

El papel en sí era complicado de interpretar, pero el don de Gillian y su exhaustivo estudio en torno a la figura de la mandataria hicieron que se lograra con éxito plasmar la vida de Thatcher. Por eso hoy, te invitamos a analizar algunos aspectos de la funcionaria británica de la ficción que son tan verdaderos como la realidad misma. 

Thatcher y una lista de políticas muy cuestionadas

Thatcher vivió en primera persona el reto de hacerse un hueco en un mundo machista, donde las mujeres no eran vistas como capaces de llevar adelante una Nación. Pero logró demostrar todo lo contrario, y no hay nadie que refleje mejor esto que Anderson. La primera ministra impulsó los mercado libres, la disciplina financiera, el control firme del gasto público, los recortes de impuestos, el nacionalismo, la vuelta de los valores victorianos, la privatización y un populismo oculto. Políticas que engendraron el odio en torno a su figura. 

La serie transmite con éxito la frialdad de su Gobierno que provocó la rabia de la oposición. Sin embargo, en la vida real no se trataba de puro malestar. Un aspecto que la tira no menciona, es que a mediados de la década, la economía de Reino Unido sí cambió y la inflación se estabilizó, miles de personas pudieron acceder a ser propietarias de una casa. The Crown muestra la otra cara del thatcherismo: el desempleo. Es entendible ya que comparte el mismo espacio cronológico que el trío amoroso de la realeza. En cinco años se duplicó la cifra de desempleo y delincuencia. Vivían un periodo de precariedad cada vez mayor. 

La relación de la primer ministra con la realeza: ¿amor u odio?

La tensión que existía entre Thatcher y la reina de Inglaterra, dos de las mujeres más influyentes del mundo, se ve documentada ampliamente en la cuarta temporada. Sus diferentes perspectivas sobre la sociedad y sus opiniones contradictorias alimentaban la dura relación entre ellas. A pesar de sus diferencias y sus antecedentes distintos, debieron unirse durante uno de los períodos más violentos de la historia.

El evidente malestar de la nación entre marzo de 1984 a marzo de 1985 alteraba a Isabel ll. Más de la mitad de los mineros del país, alrededor de 187.000, dejaron de trabajar durante lo que se consideró la mayor disputa industrial de la posguerra británica, con la intención de prevenir el cierre de las minas.

Por su lado, Margaret se oponía a las huelgas y buscaba reducir el poder de los sindicatos. Pensó que terminaría pronto debido a la sugerencia que hizo a las esposas de los mineros de presionar a sus hombres a que fueran sensatos, pero muchas de ellas se involucraron activamente en el movimiento. En cambio, su compañera mostró empatía por aquellas mujeres.

Al final de la serie llegamos al clímax de su relación, el desacuerdo entre Isabel II y Thatcher sobre el apartheid en Sudáfrica. Margaret se negaba a firmar las sanciones en contra de este, en cambio, la reina, las apoyaba. En el octavo episodio vemos al descubierto las dos personalidades de las políticas. La reina con un ingenio seco y Thatcher con falta de empatía.

¿Qué pasó con las Islas Malvinas?

El hecho bélico fue simplificado en dos capítulos. Se enfoca en cómo repercutió la guerra en la corona, omitiendo la situación contextual de Argentina. Los episodios 4 y 5 titulados respectivamente “Favourities” (“Favoritos”) y “Fagan” (curiosamente los dos con iniciales F, igual que Faklands), dedican una mirada reflexiva sobre lo que sucedía en las tierras latinas. 

En los primeros ocho minutos, vemos como un grupo de personas de la isla de San Pedro pintan en la fachada de un improvisado cuartel la frase “Las Malvinas son argentinas”. Por lo que los flklanders se enfrentan exigiéndoles que se vayan, pero sin éxito, reciben como respuesta el canto del himno nacional argentino. 

En medio de la búsqueda de su hijo preferido Mark, quien había desaparecido en Argelia, recibe la noticia de que habían invadido las islas, información que provoca la ira de Thatcher. Enojada, triste y decidida a sacar al país adelante, Margaret le responde a sus colegas: “No sobreviviremos no ir a la guerra“. A pesar del miedo, por una cuestión de costo-beneficio de la contienda, The Crown plasma la partida del HMS Invencible con rumbo al Atlántico Sur.

Como indican las celebraciones de la victoria que vemos en “Fagan”, la popularidad de Thatcher nunca fue más alta que inmediatamente después de la guerra, cuando disfrutó de un índice de aprobación del 59%. El final del segundo capítulo muestra los dos extremos, por un lado una sociedad que festeja la victoria y por otro, un pueblo que arde y entiende a la guerra como un despilfarro de 3.000 millones de libras. 

El power dressing: un sello de identidad

Y como no hablar de la moda en The Crown. A lo largo de la cuarta temporada, podemos disfrutar de los trajes de sastre más delicados de la alta costura. En un contexto donde las mujeres se introducían al mundo laboral, Thatcher incorporó estas prendas a su armario y las convirtió en su armadura. Azul, amarillo, gris, e incluso rosa, llevó el conjunto en todos los colores. Pero eso sí, todos eran monocolor. También podemos apreciar blusas con lazada, chalecos y pañuelos que suavizaban la imagen pública de la funcionaria.

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